sábado, 17 de noviembre de 2012

La venida de los dioses

   Y de repente me sentí tan libre que me mareé, tan libre y grande que veía mi propia vida tan insignificante que me parecía increíble que todos nosotros pudiésemos caber en unos cuerpos tan pequeños, tan... humanos.
   Había mucha gente y estaban todos desorientados. Me acerqué a Hestia, no se muy bien como supe que era ella pero lo supe y pregunté por mi hermana. Tan solo sonrió, o eso me pareció. Todo era demasiado extraño.
   Había mucha gente que alegaba ser de mi familia y que yo ni tan siquiera conocía o había oído hablar de ellos.
   Un joven se acercó, me hizo una reverencia y se dió la vuelta. Ésto mismo se repitió con otra joven y me resultó cada vez más extraño. Después un señor más mayor y algunos más. Esto parecía ser la gota que colmaba el vaso.
   Tenía que encontrar de una vez a alguien que me explicase que estaba sucediendo y dónde estaba mi hermana.

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